maipú

Las esquinas grises del concreto florecido
estremecen al niño embebido en un cuento fortuito.

Las luces blancas en las alturas de los postes
enceguecen de repente a sus caminantes veloces.

La vorágine, el rugir del apuro andante
toma el control de la escena de punta en guante.

Y sin darse cuenta, el niño se ha perdido
entre mares de gente desconocida y el sentir partido.